Opinión

En caso de duda llámale coaching

Hoy en día asistimos a una proliferación de artículos, libros, cursos y prácticas relacionadas con el coaching, así como de personas que se definen como “coach”. Una de las razones de este auge está en su utilidad y éxito contrastado. Muchas personas, grupos y organizaciones se están beneficiando de sus buenas prácticas.

Pero, ¿qué es coaching? Una definición ampliamente consensuada lo define como un proceso  en un periodo de tiempo determinado, que tiene lugar entre dos personas (coach y coachee) o entre una persona y un equipo (coaching grupal). En dicho proceso, se suceden una serie de conversaciones en las que el coach utiliza una metodología determinada, que facilita al coachee  explorar sus propias creencias, valores, fortalezas y limitaciones. Como resultado de esa reflexión, el coachee es capaz de tomar determinadas decisiones, de comprometerse en un proceso de cambio y aprendizaje, y de movilizarse en una determinada dirección, desplegando todo su potencial, hasta conseguir los resultados esperados.

El atractivo de la metodología, tanto para las personas que acuden a utilizar sus servicios, como para las personas que se sienten interesadas en trabajar como coach, está generando una diversificación del espectro de la oferta de lo más variopinto. Parece que el coaching fuera lo suficientemente indefinido como para  permitir combinarlo con otros intereses que llamen la atención de clientela potencial. Así podemos encontrar el coaching gastronómico, de seducción, para adelgazar o tántrico, por poner algunos ejemplos… De este modo, su valiosa esencia se difumina entre la amalgama de “denominaciones” que fomentan confusión o que lo desvalorizan por el abuso de su uso.

Asumiendo su potencialidad, me parece conveniente resaltar los riesgos que puede haber asociados a su práctica. Todavía no está muy regulada su formación  y puede dar la impresión que cualquiera que lea algún libro o haga una formación de la mucha que se oferta, tiene la suficiente preparación para ser coach.

Hoy en día podemos encontrar escuelas homologadas a nivel internacional como AECOP o ICF principalmente, que nos garantiza como clientes, que la persona con quien estamos trabajando ha recibido la formación que en estas organizaciones se exige, y que nos da garantías de que lo que recibiremos sea un coaching regulado, controlado y examinado.

Para velar por una formación de calidad y seguir dando respuesta al interés que esta práctica despierta, AECOP, asociada a entidades locales, desarrolla periódicamente formaciones con las que certifica y avala como profesionales del coaching a las personas que en ellas participan. En esta misma línea, se ha creado la delegación en Navarra de AECOP con la finalidad de fomentar y preservar las buenas prácticas de las personas que trabajamos con esta fascinante herramienta que es el coaching.

Así pues, animo a las personas que buscan utilizar los servicios de coaching a solicitar la acreditación para asegurarnos de que la metodología usada por el coach es la que debe ser, que está regulada y aceptada por un órgano creado para ello, y animo también a las personas que nos dedicamos profesionalmente al coaching, a velar por las buenas prácticas empezando por las propias, con formación continua, supervisión y apoyo entre profesionales.

Eduardo Hualde. Formador-consultor. Departamento Recursos Humanos de AIN

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