Los datos de la Contabilidad regional han venido a confirmar lo que se venía apuntando desde distintos departamentos de estudios: la economía navarra, en un clima de mayor confianza, ha cerrado el primer semestre del año con un ritmo de crecimiento notable, que tiene efectos apreciables en el empleo, y se sustenta en la aceleración del consumo tanto de las familias como de las administraciones.

Más allá de las estadísticas y de la macro economía, este punto de optimismo se constata diariamente en el carro de compra del ‘súper’ y en otros detalles que tampoco pasan desapercibidos como el que, este verano, muchas personas hayan decidido disfrutar de un periodo vacacional un poco más prolongado.

Pero no nos llevemos a engaño, queda mucho por hacer, para recuperar lo perdido en esta década de crisis y poner en práctica la lección aprendida y no volver a los viejos errores. Está bien que la economía crezca apoyada en la palanca del consumo interno, pero es más deseable un mayor equilibrio, una mayor aportación de la exportación, la industria y la inversión, pero esto tiene que ver tanto con las expectativas de ciudadanos, empresas e instituciones como con el modelo de desarrollo que no lo vamos a cambiar de la noche a la mañana.

Lo más urgente en este momento es seguir reduciendo la tasa de paro y mejorar la calidad de muchos empleos, pero habrá que hacerlo sin olvidar que las empresas deben incrementar sus niveles de productividad y ganar en competitividad, condiciones básicas para abordar una mejor remuneración de los salarios.

Lógicamente, los retos no están solo en la empresa, las administraciones necesitarán volver al rigor en la gestión de lo público y abandonar el endémico recurso al déficit, conjugando con equilibrio el gasto social con las necesidades de desarrollo de infraestructuras que condicionan el futuro de nuestra sociedad. Indudablemente no va a ser tarea fácil, pero es el momento, la primera oportunidad está a la vuelta del verano, en unas pocas semanas empezaremos a tener noticias de los proyectos de presupuestos que tendrán que estar aprobados antes de que concluya el año.

Pero no quisiera terminar, habrá tiempo para volver a ello, sin referirme al motivo de esta reflexión: el ‘súper’, la distribución de alimentos, donde se está viviendo especialmente en el centro urbano de Pamplona, una dura pelea de competencia entre los distintos operadores, cuya expresión más gráfica es el importante incremento de nuevos centros de venta, que no sería explicable desde criterios de índole demográfica.

Más que optimismo, hay mucho en juego en esta batalla.

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