“En estos momentos el riesgo de no adaptar la red ferroviaria en la Comunidad Foral a los nuevos usos y modelos ferroviarios se materializaría en el aislamiento industrial y logístico de Navarra en un futuro próximo, lo que conllevaría una pérdida de competitividad frente a otros territorios mejor comunicados y estructurados”. La cita es de un informe elaborado por el Observatorio Territorial de Navarra en 2012 sobre las “Consecuencias y oportunidades de la llegada del TAP a Navarra”. Obsérvese que ya se hablaba entonces de “altas prestaciones”, se había abandonado el concepto “alta velocidad”, que en los 90 del siglo pasado habíamos traducido del francés “grande vitesse”, porque el referente español era en aquella época el TGV galo. Por tanto, lo que conocíamos como corredor navarro de alta velocidad, se transformó en corredor de altas prestaciones y cinco años después, tras la reunión celebrada el 31 de enero entre el ministro de Fomento y el vicepresidente Ayerdi en Madrid, ha devenido en corredor, mondo y lirondo, de carácter mixto porque por él circularían transportes de mercancías y transportes de personas, vamos, como lo hacen ahora, aunque el número de “ trenes mercancías” sea estadísticamente poco relevante pese a la reactivación de la terminal de Noain, dado que más del 95% de las manufacturas, con origen o destino Navarra, se siguen moviendo por carretera.

¿En qué punto estamos a la vista de los hechos? Diría que no pasamos de la vía muerta. Tenemos una plataforma entre Castejón y Villafranca que conduce a ninguna parte y en la que se han invertido más de 60 millones de euros, y en el resto del corredor hemos retrocedido a la casilla de salida. Volvemos a la necesidad de nuevos estudios, nuevos convenios, nuevos proyectos… Se habla de plataforma convencional con pequeñas mejoras (ya no se menciona ni el tercer hilo) y tan solo ancho internacional a partir de Pamplona, se apunta a una posible segunda vía entre Pamplona y Alsasua y nada se sabe de la eliminación del bucle ferroviario de la Comarca. Nos movemos entre la vaguedad y la niebla. La caja está vacía y las prioridades son otras, en el régimen común y en el privativo.

No tenemos suerte con el tren. Históricamente, el ferrocarril no alcanzó en esta tierra el desarrollo que tuvo en otras regiones. Por múltiples motivos (guerras, intereses privados, resistencias internas…) Navarra tuvo escaso peso en la atracción de esta infraestructrura de transporte como se puede constatar en el frustrado proyecto de la conexión ferroviaria transpirenaica por los Alduides. ¿Volvemos a repetir la historia? El problema de fondo está enunciado en el informe mencionado del Observatorio Territorial. Nos jugamos mucho en este asunto, aunque hemos decidido que la partida se celebre ‘ad calendas graecas’, como diría el clásico. .

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