El verano se resiste a entregar el relevo y nos regala calor de una intensidad más propia de otro momento del calendario. No tenemos noticias de las tormentas que confirman la conclusión del ‘ferragosto’, como tampoco del ‘dieselgate’ en las exportaciones de Volkswagen Navarra que recupera este año intensidad en su liderazgo del comercio exterior de nuestra Comunidad ante el decaimiento de las manufactureras de bienes de equipo que encuentran mayores dificultades en los mercados continentales y de allende los mares.
Del bando de la macroeconomía nos siguen llegando noticias en positivo, el PIB avanza en el primer semestre a ritmo del 3%, aunque modere algo su velocidad, empujado por el consumo de los hogares y las ramas industriales y primarias, lo que trae como consecuencia que el paro registrado se acerque ya a los niveles de 2009, aunque queda el tramo más difícil para llevar de nuevo a Navarra a la frontera del pleno empleo. La Encuesta de Población Activa también confirma el retroceso aunque aporta en contrapartida el mal dato de la pérdida de ocupados, situación que afecta en la mayor parte a los no asalariados. Porque los asalariados aumentan tanto en el sector privado, gracias a la industria y a la agricultura, como en el sector público, de la misma manera que aminora el nivel de temporalidad porque en el último año ha incrementado el número de asalariados con contrato indefinido. En este sentido es la mujer la que pone rostro mayoritariamente al contrato temporal, siendo llamativamente mayor la incidencia en el sector público que en el privado.
Con todo, la prueba del algodón vendrá en los meses venideros, a partir de septiembre podremos verificar la capacidad de nuestra economía para consolidar el avance en la lucha contra el desempleo. Una economía que se mueve entre incertidumbres externas, a cuenta del Brexit, y certezas internas de parálisis institucional ante la epidemia de política zombi que sufrimos desde el 21 de diciembre del año pasado y que amenaza con convocarnos por tercera vez a las urnas para que los electores resolvamos la incapacidad de dialogo que exhiben los dos grandes partidos nacionales.
Nuestros representantes políticos se empeñan en olvidar que su misión es resolver los problemas de la sociedad y no añadir más a los abundantes que ya sufrimos.

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