Victoria de Trump… ¿Y ahora qué?

La “inesperada” victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones americanas fue el acontecimiento desencadenante para que los mercados financieros explotaran en diferentes direcciones, según el activo de que se tratara. De esta manera, tenemos a los índices de las bolsas americanas muy cerca de sus máximos históricos destacando, en las últimas jornadas, el avance de más del 10% del índice Russel 2000 o del 5% del SP&500. Comportamiento que, desgraciadamente, dista mucho de las caídas generalizadas que hemos tenido al otro lado del Atlántico, con recortes del orden del 3% en el Ibex 35, Cac 40 o Eurostoxx 50. Por su parte, el precio de los bonos mundiales han sufrido un fuerte correctivo, que les ha llevado a perder más de un 5%, en apenas dos semanas, fruto del alza de los tipos de interés que han pasado del 1,52% al 2,25% en el caso del Tbond (bono americano a diez años) o del -0,10% al 0.4% del Bund (bono alemán a 10 años). También el dólar se ha visto fuertemente revalorizado contra las principales divisas. Por su parte, la onza del oro y el barril de petróleo apenas se han visto afectados, cotizando en niveles similares de las últimas semanas. Para intentar comprender el porqué de esta sorprendente reacción de los mercados -todo se ha desarrollado al revés de lo previsto, empezando por el propio resultado electoral- debemos fijarnos en el discurso conciliador que, en un principio, realizó el propio Trump, con un paquete de medidas económicas, en las que se plasmaba un aumento de gasto en infraestructuras de más 500.000 millones de dólares y un plan de reducción de impuestos. Lógicamente, se supone que estas medidas llevarán a un crecimiento económico más vigoroso, más inflación y por lo tanto, una subida de tipos, tal vez, más drástica de la prevista inicialmente. De ahí, el castigo a la renta fija y a las acciones más vinculadas a ella (eléctricas, autopistas y en general, empresas con mucha deuda). Lamentablemente, esta bonanza en el mercado americano no se ha trasladado a las bolsas europeas, que son conscientes de que el viejo continente está en otra fase con tipos de interés, en muchos casos, negativos y con crecimientos de sus economías más discretos que el gigante americano. Por supuesto que es un enigma cómo el máximo mandatario americano va a ser capaz de conseguir sus objetivos sin aumentar la deuda y controlar el déficit, pero parece que el mercado le quiere dar una oportunidad siendo el tiempo quien dará o quitará razones. A nivel europeo, nos encaminamos a un cierre de ejercicio con la vista puesta en un 2017 donde los riesgos políticos serán los que marquen el devenir de los mercados. A este respecto, el calendario ya comenzará el próximo día 4 de diciembre, con el referéndum italiano y austriaco, a los que seguirán las importantes citas en las urnas de Francia- abril/mayo 2017- y Alemania –octubre 2017-. También las consecuencias del “olvidado” Brexit propiciarán volatilidad en una economía que se supone va a crecer menos -del 2,2 al 1,4 de PIB- y va a tener más paro -del 4,9% al 5,4%-. Por su parte, una posible subida más agresiva de los tipos de interés en EEUU o la solvencia de los bancos alemanes o italianos, también serán focos de tensión. Pero no todo son temores y aspectos negativos; a favor de los mercados va a jugar el apoyo de los bancos centrales, con sus políticas expansivas y un crecimiento económico que, aunque sea un poco decepcionante, va a alejar los fantasmas de la recesión. Por otra parte, y después de cinco años de descensos en los beneficios por acción, este puede ser el último trimestre en que se produzcan, dando paso a una mejoría de los márgenes empresariales y con ello a un alza en los resultados de las empresas cotizadas, lo que llevaría consigo un aumento en sus cotizaciones. A corto plazo, la sensación es de total confusión y de unos mercados europeos que no saben hacia dónde ir. Con un balance anual realmente triste (con caídas del Eurostoxx y del Ibex del 10%) en el que sólo el Dax alemán ha sido capaz de aguantar el tipo, nos encaminamos hacia un final de año en la que debería haber cierto rally que maquillara unos resultados tan decepcionantes. No sería descartable que, al final, los máximos americanos nos contagiasen un poco y lográramos acercarnos, por ejemplo, a los 9.000 puntos del Ibex. El “anormal” castigo sufrido por muchas empresas de nuestro selectivo -Enagás, Indra, REE, etc. etc.- deberían servir de acicate para que los inversores las vieran realmente apetecibles. Sin embargo, el mal comportamiento del sector bancario -con un banco Popular en derribo- siembra de dudas todo el mercado y aplaca cualquier ánimo de compra. En resumidas cuentas, cautela ante todos los acontecimientos acaecidos en este 2016, pero con la sensación de que, a medio y largo plazo, el que sea valiente ahora, tendrá su recompensa. El tiempo lo dirá

Juan Pablo Montes Fuentes, Director de Renta 4

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