La respuesta está en el viento, pero la pregunta es mucho más terrenal. El malestar en el mundo empresarial ante la tercera reforma fiscal que previsiblemente se aprobará junto con los Presupuestos Generales de Navarra para 2018, es generalizado y se he hecho patente tanto en las declaraciones del presidente de la CEN, José Antonio Sarría, como en el documento institucional emitido por la Cámara Navarra de Comercio, Industria y Servicios, o, a nivel coloquial, en los encuentros que mantenemos cotidianamente con los empresarios.

Las decisiones de los últimos años están llevando a convertirnos en una isla fiscal frente al resto de comunidades que nos rodean y ésto tendrá efectos inmediatos y mediatos, como, salvando las distancias, ya se pudo comprobar hace apenas dos años con la recuperación del tramo autonómico del Impuesto de Hidrocarburos, del que Hacienda desistió a los doce meses tras comprobar como crecían las ventas de combustibles en las comunidades circundantes y descendían en Navarra.

Está claro que, ante la escasa estabilidad que mantiene nuestra fiscalidad y la incertidumbre que proyecta, transformar el malestar en una decisión concreta no es tan sencilla como cambiar de estación de servicio para comprar combustible, pero si ponemos las condiciones igual alguna empresa, alguna familia, empieza a pensárselo y si lo piensa, igual la toma: empadronarse en otra localidad, cambiar el domicilio fiscal, suspender planes de inversión…

Si es ya muy negativo que las decisiones fiscales, que constituyen una de las palancas públicas para impulsar el crecimiento, se perciban en estos momentos como medidas que “alteran las decisiones de inversión, consumo y ahorro de las empresas y ciudadanos”, como afirma el documento de la Cámara Navarra, lo son todavía más negativas las sospechas de que dentro de un año asistamos a una cuarta vuelta de tuerca fiscal. ¿Habrá alguien capaz de parar esta deriva?

Y un comentario de urgencia. Las noticias que nos proporciona, el 27 de noviembre, el Instituto Nacional de Estadística sobre el esfuerzo realizado por el Sistema Navarro de Innovación en 2016 muestran la dificultad de la tarea que tenemos por delante si empresas, administración, centros tecnológicos y universidades quieren llegar algún día a jugar la Champios League del I+D en Europa. De momento tendremos que conformarnos, agarrarnos al clavo ardiendo, con que al menos se ha frenado la recesión iniciada en 2010, que parecía no tocar nunca fondo. El tímido rebote (mejora del 3%) viene a confirmar aquella idea de que cuando se trata de progresar en esta materia lo hacemos por la escalera y cuando retrocedemos, bajamos en ascensor.

Antonio Elizondo,

aelizondo@negociosennavarra.com

 

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