Estamos ante un mundo digital. Nosotros, nuestras sociedades y nuestras empresas, ya somos digitales y desarrollamos gran parte de nuestra actividad diaria en un nuevo espacio tan real como la tierra, el mar o el aire: la red.

Dentro del conjunto de empresas, podemos diferenciar un grupo, más o menos homogéneo, respecto del cual el uso de internet es el principal pilar de su negocio. A este grupo nos referiremos en las siguientes líneas como “empresas digitales”, pero, y esto es muy importante, sin que esto signifique que el resto de empresas no sean digitales y no puedan verse afectas por las vicisitudes del mundo digital.

Sin embargo, a pesar de la digitalización global, nuestros sistemas tributarios siguen basándose en paradigmas de mediados del siglo XX, cuando las empresas, esencialmente industriales, requerían de una presencia física en un territorio para poder atender a sus clientes.

La referida falta de evolución de los sistemas tributarios podría estar implicando que los ingresos de los países no fuesen lo elevados que podrían ser, además de provocar una serie de desventajas para las empresas “tradicionales”. Así, según datos de la Comisión Europea (en adelante, CE), la empresas digitales están sometidas a un tipo medio de gravamen del 9,5% frente al 23,2% que soportan las empresas “tradicionales”.

A este respecto, son varias las organizaciones nacionales y supranacionales que han advertido el gran desafío que va a suponer para los países someter a gravamen estas actividades digitales. En esta línea se pronunciaba la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (en adelante, OCDE) en la denominada “Acción 1 - Abordar los retos de la economía digital para la imposición” del Proyecto BEPS publicada en 2015, apuntando tres posibles opciones para tratar de abordar la correcta imposición de la economía digital, a saber: (1) la introducción de un nuevo nexo (o criterio de sujeción) en base a una presencia económica significativa, (2) el sometimiento de ciertas transacciones digitales a una retención en la fuente, y (3) un impuesto progresivo.

 

Si quieres leer el artículo completo de Borja Ruiz, Asesor Fiscal BSK Legal & Fiscal, accede a la edición impresa de la revista Negocios en Navarra nº 301

 

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