Casi veinticinco años después, he aquí la cuarta generación del buque insignia de Audi. Auténtico compendio tecnológico, el A8 sirvió para encumbrar a la marca bávara a la élite mundial de los constructores más selectos.

Construido en aluminio y con todo un decálogo de argucias técnicas exclusivas, durante estos años se ha convertido en un rival temible para sus competidores más aguerridos.

Este coche recoge el legado más selecto de cuando, antes de 1945, los aros del emblema enunciaban la fusión de cuatro marcas legendarias, la propia Audi, Horch, DKW y Wanderer que fabricaron algunos de los automóviles más recordados de la historia.

El éxito del A8, ya desde la primera generación, sirvió para asentar definitivamente la marca tras la dura postguerra y consolidar un potente grupo que ha destronado a GM de su histórica hegemonía y rivaliza con Toyota.

La nueva generación se presenta, conservando sus hitos básicos, más atractiva que nunca, plagada de estilo, personalidad y contenidos tecnológicos que sus rivales ya estarán estudiando en profundidad para no quedarse desfasados.

En fin, estéticamente es reconocible, como siempre. Sin embargo y a pesar de ser más aparatoso, en general, se presenta con un aspecto ligero y estilizado. Quizás sea merito de los detalles que jalonan la carrocería, la nueva parrilla, las ópticas o el estampado de las superficies que eliminan cualquier atisbo de pesadez.

REPROCHE

Algunos alegarán que no arriesga mucho, pero es una táctica muy alemana no incomodar demasiado la tradición, cuando es universalmente glosada, si lo novedoso no lleva a buen puerto.

Por dentro, igualmente, el esquema básico es conocido. Pero tampoco es lo que parece, todo es completamente diferente.

La forma del tablero en T sigue la escuela. Contiene todo un decálogo de ingenios autónomos difíciles de comprender en un rato, pero sin embargo tiene la enorme virtud de tenerlos sintetizados todos en unos pocos mandos y en tres pantallas, la del cuadro, donde está el navegador en fusión con los cuadrantes, una muy buena idea, y las dos de la consola, una para todo lo relativo al sistema multimedia y otra para la climatización. Todo muy ordenado e intuitivo.

El sistema prevé conversar con él o escribir determinados parámetros en la pantalla táctil, con el resultado final de hacer desaparecer multitud de mandos por inútiles.

Se trata de programarlo todo previamente y a partir de ese momento se conduce sin quitar la mirada de la carretera, gobernando, lo que se deja, desde el colosal volante.

Las butacas son regias, se puede optar por dos o tres plazas traseras y el ‘climax’ que se alcanza es de altísimo nivel en un habitáculo que es magistral ya desde la versión corta.

La calidad es increíble, de un buen gusto excepcional y los materiales están escogidos con esmero. En este aspecto, Audi sigue siendo el referente.

SEÑORIAL

En marcha es difícil discernir si es más sobresaliente por su aplomo o por su excelsa comodidad. Como es un coche señorial, para grandes viajes, frecuentemente con chofer, destacaré el segundo aspecto por como está estudiado el espacio trasero para acoger a dos personas que estarán mejor tratados inclusive que los delanteros.

Nosotros viajamos con el TDI que, de momento, oficia como opción de acceso, aunque pocas diferencias haya con la siguiente de gasolina TSFI que es un poco más dinámica todavía. Son las opciones más razonables, las destinadas a venderse más, también las que ofrecen los mejores consumos y emisiones, bajísimos ambos, sin menoscabo de unas prestaciones sublimes, en parte gracias a que incorpora una grado mínimo de hibridación. Dentro de poco nacerán modelos más ‘chic’ si cabe, los S o el híbrido ‘plug in’, esto no ha hecho más que comenzar.

Suspendido sobre cuatro esferas neumáticas pilotadas, con tracción y dirección integral, con una caja automática perfecta, el comportamiento agota todo lo calificable. Por tamaño diremos que su espacio natural, más que la ciudad o las secundarias, son las grandes rutas, los grandes desplazamientos, donde puede competir en exclusividad con lo que te puedan ofrecer la más exquisita aerolínea o el tren más evolucionado.

Hasta cuarenta parámetros activos controlan la seguridad y el comportamiento. En realidad no lo conduces, él te conduce a ti, anticipándose a cada circunstancia. El efecto placentero que destila, probablemente, también haya sido estudiado para que los más puristas no vean ultrajados sus anhelos.

 

CARACTERISTICAS TÉCNICAS

Tipo:
Sedán, 4 puertas, 5 plazas, motor longitudinal delantero y tracción integral permanente Quattro con diferencial autoblocante y ESP..

Motor:
Turbodiesel inyección directa, V6 24 v. Cilindrada: 2967 cc. Potencia: 280 cv/3750-4000 rpm. Par Nm/rpm: 600-1250 Nm a 3200 rpm. Euro 6.

Transmisión:
Cambio: Automático Tiptronic de 8 velocidades.

Suspensión:
Independiente multilink neumática.

Dirección:
Electro mecánica con asistencia en función de la velocidad.

Frenos:
Delanteros y traseros: Discos autoventilados. ESC/ABS/EBD.

Dimensiones y pesos:
Largo/Ancho/Alto: 5172/1945/1473 mm. Peso: 1975 Kg. Maletero: 505 l. Depósito: 82 l.

Prestaciones:
Velocidad: 250 Km/h (limitada). Aceleración 0-100: 5,9 s. Consumo urbano/extraurbano/mixro: 6,5/5,5/5,8 l/100km l . Emisiones Co2: 145 gr/km.

PVP:
Versión probada A8 50 TDI: 97.460 €. Otras versiones: A8 55 TSFI: 104.560 €.

Deja un comentario

¿Quieres estar informado?